lunes, 23 de abril de 2012



Fundamentos de Manejo Moderno de Áreas Protegidas
Tarea 1.1 – Ensayo
Profesor: Gustavo Induni

La Administración de Parques Nacionales y su evolución
Silvina Fabri

Desde la creación de la primer área protegida en América, el Parque Nacional Yellowstone, en los Estados Unidos, el concepto de área protegida ha tenido una evolución significativa.
Argentina fue el primer país latinoamericano en iniciar el proceso de creación de éstas áreas. Esto se origina allá por el año 1903, cuando el doctor Francisco P. Moreno dona 7.500 hectáreas de tierra de su propiedad al Estado Nacional. Estas tierras se convirtieron en el primer Parque Nacional del Sud, que en el año 1922 pasó a llamarse Parque Nacional Nahuel Huapi con una extensión mucho mayor (785.000 ha.) . En el decreto de creación se establecía la prohibición de la tala de árboles, la matanza de animales silvestres, la alteración de los cursos de agua y todo acto que pudiera afectar a la naturaleza de la región.
También para la primera década del siglo XX, arquitecto y paisajista Carlos Thays, destaca la necesidad de que el gobierno reserve algunas hectáreas de las inmediaciones de las cataratas del Iguazú, ubicado el norte del país,  para un parque nacional, debido que en ese momento eran tierras privadas.
Ya en el año 1934, se crea la Dirección de Parques Nacionales (actualmente Administración) y en su ley de creación se establece que  “se podrá declarar parques o reservas nacionales aquellas porciones del territorio Nacional que por su extraordinaria belleza, o en razón de algún interés científico determinado, sean dignas de ser conservadas para uso y goce de la población de la república. De esta manera Argentina, comienza a seleccionar y  establecer que los paisajes naturales grandiosos serían protegidos.  Así, la política de los Parques Nacionales motivaba la creación de áreas de gran belleza escénica al cuidado del estado nacional;  reafirmaba la soberanía de las tierras  en zonas fronterizas y  desarrollaba regionalmente las áreas periféricas por medio del impulso de la actividad turística.  Se crearon muchas de las áreas protegidas en el sur del país como los PPNN Los Alerces, Los Glaciares, Lanín, Perito Moreno.  Debido a este  impulso, se realizaron fuertes inversiones en estructura vial, de transporte y hotelera en estas regiones.  La Dirección de Parques Nacionales, fue pionera en incursionar por esas tierras, implementando el desarrollo turístico y trabajando como oficina de colonización, fundando escuelas e iglesias y proporcionando otros servicios públicos elementales. 
En la década del 40, la óptica de la conservación de las áreas protegidas cambio de rumbo, comenzaron las incursiones naturalistas dando prioridad así,  a los estudios de vegetación y de ambientes olvidados  y a descubrir y proteger los diferentes biomas que componen el patrimonio del país.
En 1967, se  crea la Escuela de Guardaparques generando la única escuela formal en lationamérica.
Aunque el uso turístico había sido firmemente impulsado desde la Dirección de Parques Nacionales, se desarrollaban otros tipos de aprovechamiento de los recursos especialmente en las áreas protegidas de la cordillera austral. Este uso consistía en explotaciones forestales y ganaderas mediante concesiones en bosques estatales y asentamientos precarios de ocupantes fiscales, todas estas eran actividades heredadas desde antes de la creación de los parques. Algunas de estas actividades se continuaron en el tiempo con un mayor control de las concesiones y tratando de mejorarlas.
El uso turístico sigue siendo el único aceptado por la ley en ciertas categorías de áreas protegidas de uso restringido, como parques y monumentos naturales, pero se busca que la infraestructura de los servicios asociadas se instales fuera de ellas, generalmente en las áreas de reserva nacional.
La historia continua con visiones cada vez más amplias de lo que significa conservar ambientes y se trabaja en definir corredores biológicos, áreas de amortiguación y desarrollo sustentable del entorno.
Al margen de la administración federal, muchos recursos naturales, culturales y recreativos fueron protegidos y puestos en valor por iniciativa de las provincias autónomas. Tal es el caso de Misiones, Mendoza, Chubut, Entre Ríos, Corrientes, que han creado numerosas áreas  protegidas y su respectiva legislación marco con programas de manejo estratégicamente desarrollados. De igual forma diversas entidades públicas y privadas han implementado mecanismos para aportar a la conservación de nuevas áreas.

A lo largo de más de 100 años de camino, el concepto de área protegida se ha ido enriqueciendo con la experiencia del manejo y con los avances científicos y tecnológicos. Entre los puntos más significativos de esta progresión cabe mencionar:
-          Se ha cambiado el concepto de área protegida pensada inicialmente como áreas trascendentes por su alto valor escénico para reconocerlas como la principal herramienta para la conservación de la biodiversidad en todos sus aspectos.
-          Se ha sustituido la noción de intangibilidad de las áreas protegidas por una concepción más dinámica y diversificada de la conservación in situ. Consecuentemente se cuenta con un espectro de categorías de manejo.
-          Se ha comprendido que las áreas protegidas no son islas y que su permanencia está integrada al desarrollo regional. El destino de las áreas vecinas influirá positiva o negativamente en el futuro de las áreas protegidas y viceversa.
-          Se ha ampliado el concepto de beneficios derivados de las áreas protegidas, antes circunscriptos a la recreación, la contemplación, la investigación científica, para incluir los usos sustentables de los recursos silvestres, los bienes y servicios que proveen y un espectro más amplio de funciones ecológicas.
-          Se han ordenado las actividades dentro de las áreas protegidas y se han evaluado algunos impactos ambientales, sociales, culturales y económicos de la presencia de visitantes utilizando metodologías adecuadas.
-          Se han creado y se siguen perfeccionado metodologías que permitan valorar económicamente los beneficios de las áreas protegidas a niveles local, regional, nacional y mundial.
-          Se ha tomado noción de que la conservación de la biodiversidad de las áreas protegidas tiene sentido y es eficaz si se aplican estrategias para el manejo sustentable de la biodiversidad que existe fuera de ellas.
-          Se ha comprobado que en muchas oportunidades se necesita un manejo activo de los recursos naturales con técnicas de restauración ambiental para lograr la conservación de la biodiversidad dentro de las áreas protegidas.
-          Se ha comprendido que la eficiencia del manejo de las áreas protegidas no solo depende la de eficiencia interna sino de cómo la administración se relaciona con las políticas de desarrollo provincial y nacional.
-          Se ha reconocido que las comunidades locales no son un impedimento para la conservación sino que son actores trascendentales para que las gestiones de conservación sean exitosas y que pueden resultar los principales beneficiarios de esas políticas de conservación.

No podemos negar que en general, el aprendizaje de estos 100 años ha sido sumamente  significativo, pero no obstante, en la APN seguimos teniendo problemas que resultan en encrucijadas de difícil solución. Aún tenemos insuficiente identificación y manejo de los recursos naturales y socio-culturales de las ecoregiones del país. Generamos daños imprevistos causados por toma de decisiones erradas. Todavía no encontramos la manera de manejar eficientemente el incremento desmedido de la visitación en algunas áreas. Concebimos insuficientes actividades de educación y difusión acerca de los valores del patrimonio natural y cultural de las áreas. Existe una  mirada de la conservación sin la intervención de la acción humana, desestimándose la intervención en áreas protegidas, y la interacción entre el organismo y las comunidades locales; en tanto hay otra mirada en la que se considera que hay que incorporar a los pobladores locales para conservar la biodiversidad.  
En fin,  la brecha entre las premisas teóricas de las convenciones y reuniones internacionales, en relación a la conservación de la biodiversidad y las áreas protegidas aún distan en mayor o menor medida de las capacidades reales de organización y gestión eficiente de las áreas.  
Como en gran parte de latinoamérica, los recursos naturales del país siguen siendo cada vez mas exprimidos. Las urgencias del estado en términos de producción-ganancias ponen en constante jaque las áreas protegidas y sus objetivos de conservación.
Sabemos que  las intensiones son excelentes pero necesitamos asumir mayor compromiso y capacidad de trabajo para asegurar que esas áreas protegidas sigan siendo la fuente de riquezas de un país y lograr internalizar en la conciencia de todos los ciudadanos que asegurar su conservación es asegurar el futuro del mismo.

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